2. Entre materialidad/artefactos, y categorías universales: José Luis Escalona. Enero 9, 2025
2023, Después del fuego. Foto: José Luis Escalona
En esta sesión revisaremos dos entradas al vínculo humano con las cosas: la búsqueda de categorías humanas de percepción de sentimiento, por un lado, y diversas aproximaciones a la materialidad, la inmaterialidad, la objetivación y los artefactos. ¿La materialidad propiamente dicha se define ontológica o epistemológicamente? ¿Es universal o deriva de distinciones contextuales?
Guía de preguntas para lectura
KANT
¿Hasta qué punto la sensibilidad humana acerca de las cosas radica en las personas, sus sentidos y sus formas de percepción y pensamiento? ¿Hasta dónde tiene más que ver con los materiales, las sustancias y las formas de las cosas mismas?
Para Kant, ¿la sensación de placer deriva de la condición de las cosas o de la sensibilidad humana, y de la manera del gozo del placer de cada persona? ¿qué diferencia hay entre el placer y los sentimientos de lo bello y de lo sublime en las almas más comunes? ¿Qué diferencias propone entre el sentimiento de lo bello y el sentimiento de lo sublime? ¿Qué variaciones sugiere para cada uno de estos sentimientos?
MILLER
¿Por qué lo material y lo inmaterial están implicados en nuestras formade definir lo humano -lo social, la cultura? ¿Qué teorías vulgares de las cosas revisa Miller – Goffman, Gombrich, Lévi-Strauss, Bourdieu, Appadurai/Kopitoff-? ¿Qué implica la teoría de objetivación y la dialéctica de Hegel – y sus semejanzas con Latour y Gell? ¿Qué aproximaciones a la relación entre poder y materialidad revisa Miller? ¿Qué ideas acerca de la inmaterialidad y de la relación entre materialidad e inmaterialidad revisa? ¿Por qué habla de la humildad de las cosas y de la tiranía del sujeto?
Bibliografía
Kant, Immanuel, 1764. “Capítulo I” y “Capítulo II”. Lo bello y lo sublime. https://www.ugr.es/~encinas/Docencia/Kant_sublime.pdf.
Miller, Daniel, 2005. Materiality: An Introduction, In Daniel Miller (edit) Materiality, Durham, Duke University Press, 1-50.
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Otros recursos

Marcos Comentario II
ResponderEliminarLos dos adjetivos principales que presenta Kant, lo bello y lo sublime, y desmenuza a profundidad filosóficamente, me resultan de gran utilidad para entender la materialidad y el valor que le asignamos a los objetos y artefactos. Entiendo lo bello como algo bonito, agradable, fácil de gustar, mientras que lo sublime como con un grado mayor de complejidad, cierta oscuridad o incluso algún grado de perversión. Pienso que el ejemplo de Kant del día y la noche es útil aquí. Sin embargo, como le hace falta mencionar a Kant, estas categorías son bastante subjetivas, tanto entre culturas, como entre periodos históricos, clases sociales, o incluso entre individuos. Es decir, lo que puede ser bello para uno puede resultar sublime o quizás despreciable para otro.
Reflexionando después de la discusión, y regresando a mi tema de tesis sobre la cocina, me pongo a pensar en los artefactos que producimos en la cocina, y la importancia de que un platillo sea, como mínimo, estéticamente bello, tanto en apariencia como en sabor. En mi opinión esto conllevaría ser preparado con ingredientes buenos, de manera atenta y emplatado de manera cuidadosa, posiblemente proveniente de un establecimiento con “las 3 B” o lo que cocinamos entre semana para saciar el hambre. Es decir, sin nada de malo ni nada de excepcional. Por otra parte, si un platillo es sublime tiene que ser realmente especial, elaborado con ingredientes de calidad excepcional, con una elaboración ya sea tan compleja para lucir a quien cocina o tan simple para lucir el ingrediente. Por supuesto que los criterios de sabores son tan objetivos como los de otros sentidos, pero para mí no hay alimento más sublime que un mango en plena temporada, una tortilla recién salida del comal, o lo que cocines con amor, tiempo, atención y dedicación a gente que quieres.
Desde mi experiencia en el restaurante que trabajé, no considero que el sabor de la comida haya sido malo ni delicioso, pero por el simple hecho de ser emplatada cuidadosamente, fotografiable y al mismo tiempo cara, pareciera que ganaba cierto estatus y sublimidad. Como cocinero sabía que la mayoría de los ingredientes no tenían nada de especial, ni se cocinaban con dedicación, y el mayor esfuerzo era al hacer que los platos se vieran bonitos. Pareciera que un precio elevado es, para muchos, mayor indicador de calidad. Me pregunto, ¿qué relación tiene el precio de algún objeto o experiencia con cómo la percibimos? ¿solemos entender un objeto caro como más bello o sublime que otro igual, pero de menor precio? ¿solemos entender cierta sublimidad en lo caro o en lo barato?
Me quedé pensando, a partir de la clase y la lectura de Miller, por un lado, en la potencia de los objetos como vehículos de sentido y su capacidad de permanecer muchas veces como "fuera de foco" de nuestra atención o de nuestra conciencia y, sin embargo, conservando la potencia de moldear en cierto modo nuestra conducta e identidad. Y también en el quiebre del dualismo sujeto/objeto, en la imposibilidad en tantas ocasiones de establecer una distinción tajante entre uno y otro, o entre lo que el objeto moviliza del sujeto, o quizás en la fuerza que ciertos objetos poseen para inducirnos a formas de representar el mundo a través de ellos, o en la idea de no poder pensarnos ajenos/aislados de los objetos como elementos que constituyen nuestros contextos cotidianos, dan forma al mundo que habitamos y transforman el modo en que somos capaces de habitar y dar sentido a ese mundo a partir y en relación a ellos. De alguna forma acuerdo con esta propuesta de Latour en torno a la agencia del mundo no humano…en la fuerza activa que poseen ciertos objetos materiales para impulsar nuestro actuar/pensar/sentir.
ResponderEliminarPensaba puntualmente en el papel que juegan (o pueden jugar) los objetos en los procesos de memoria. En particular en el ejemplo concreto de las memorias migrantes, en esta trama de materialidad/inmaterialidad de los objetos/artefactos como vehículos en la construcción de la(s) memoria(s).
Entendiendo la memoria social como un proceso activo, no situado meramente en el pasado sino reactualizándose en el presente, y que reconoce en la materialidad una posibilidad de ser vehiculizada a partir de objetos que moldean de alguna forma la memoria no sólo individual sino colectiva; objetos a los cuales les atribuimos significados que exceden su función o uso “original”, que también moldean en nosotros formas de sentir, de actuar, de añorar…¿qué elige llevar consigo un sujeto migrante, qué preserva, qué elementos rescata, qué objetos condensan parte de su historia, identidad, sus anhelos, sus fantasías?
Algunos hemos leído en otro seminario, en el texto 'The land of open graves' de Jason De León (2015), la idea de la “arqueología de lo contemporáneo” como noción pensada a partir del trabajo sobre objetos recuperados de migrantes muertos o desaparecidos en el desierto de Sonora, en la frontera norte de México, en sus intentos por cruzar hacia Estados Unidos…¿cómo es que ciertos objetos –mochilas abandonadas, zapatos sueltos destrozados, ropas, botellas, cruces…- logran concentrar aspectos inmateriales capaces de conmovernos, escandalizarnos, paralizarnos o movilizarnos ética o políticamente?, ¿dónde reside esa capacidad, o cuánta de ella reside en el objeto, en nosotros, en la mirada individual o en el acto mismo de enmarcarlo en un hecho colectivo?, ¿mediante qué operación ciertos objetos se tornan vehículos de una inmaterialidad capaz de trascender la propias limitaciones de su estructura, su forma, su composición, su permanencia…?, ¿qué clase de “alquimia” debe darse para que ciertas cosas tengan y conserven valor mientras otras se pierden en la total insignificancia?, ¿qué poder poseen ciertos objetos para despertar, recuperar o construir una memoria social, colectiva, que excede lo individual?
Un poco en esta línea de mis intereses, también me surgen muchas preguntas que me invitan a pensar –algo se mencionó igual en la clase- sobre la materialidad/inmaterialidad de las fronteras….
Hoy, durante una conversación sobre algunos aspectos bastante horrorosos de esta humanidad contemporánea, un amigo mencionó todo un hilo de pensamiento en torno a la podredumbre, y discutimos un poco sobre esa idea. Eso me hizo pensar en un poema de Baudelaire que se llama “Una carroña”, una interesante oda a la belleza de la descomposición, de lo podrido y en definitiva, de un cuerpo pudriéndose en el campo…un gran poema de amor!, de alguien capaz de ver belleza en la carroña en la que -más tarde o más temprano- terminará convirtiéndose su amadx. Interesante forma de encontrar lo bello en algo que pareciera decididamente ser lo opuesto.
ResponderEliminarNo sé qué pensaría Kant sobre esa posibilidad…si es que las sensaciones de lo agradable o lo desagradable se asientan no tanto sobre la condición de las cosas externas que las suscitan, como sobre la sensibilidad peculiar a cada sujeto para ser grata e ingratamente impresionado por ellas …¿cómo se constituye en el sujeto esa sensibilidad, ese sentimiento especial?, y ¿dónde reside el sentimiento de lo bello, o la sensibilidad para captarlo, cómo se moldea, regula, transforma? ¿qué fuerzas propias del sujeto, del objeto, o del juego sensorial que entrelaza subjetivamente a ambos desencadenan una sensación determinada ante la observación de un amanecer idílico o de un cuerpo putrefacto?
UNA CARROÑA
Recuerda, alma, el objeto que esta dulce mañana
de verano hemos contemplado:
al torcer de un sendero una carroña infame
en un cauce lleno de guijas,
con las piernas al aire, cual lúbrica mujer,
ardiente y sudando venenos,
abría descuidada y cínica su vientre
lleno todo de emanaciones.
Irradiaba sobre esta podredumbre el sol, como
para cocerla al punto justo,
y devolver el céntuplo a la Naturaleza
lo que reunido ella juntaba;
y el cielo contemplaba la osamenta soberbia
lo mismo que una flor abrirse.
Tan fuerte era el hedor que creíste que fueras
sobre la hierba a desmayarte.
Los insectos zumbaban sobre este vientre pútrido,
del que salían negras tropas
de larvas, que a lo largo de estos vivos jirones
—espeso líquido — fluían.
Todo igual- que una ola subía o descendía,
o se alzaba burbujeante;
diríase que el cuerpo, de un vago soplo hinchado
multiplicándose vivía.
Prodigaba este mundo una música extraña,
cual viento y cual agua corriente,
o el grano que en su harnero con movimiento rítmico
un cribador mueve y agita.
Las formas se borraban y no eran más que un sueño,
un bosquejo tardo en llegar,
en la tela olvidada, y que acaba el artista
únicamente de memoria.
Detrás de los roquedos una perra nerviosa
como irritada nos miraba,
esperando coger nuevamente el pedazo
del esqueleto que soltó.
—¡Y serás sin embargo igual que esta inmundicia,
igual que esta horrible infección,
tú, mi pasión y mi ángel, la estrella de mis ojos,
y el sol de mi naturaleza!
¡Sí! Así serás, oh reina de las gracias, después
de los últimos sacramentos,
cuando a enmohecerte vayas bajo hierbas y flores
en medio de las osamentas.
¡Entonces, oh mi hermosa, dirás a los gusanos
que a besos te devorarán,
que he guardado la esencia y la forma divina
de mis amores descompuestos!
Charles Baudelaire
De: «Las flores del mal» – XXIX – 1857
¿Qué vínculos creamos con los objetos? Me parece interesante explorar el tema de la sensibilidad humana, la definición misma del “sujeto sensorial” a mi juicio implica ya establecer una capacidad de poder captar esas experiencias y vivencias para generar sensaciones que se ordenan y producen aquello que llamamos placer.
ResponderEliminarLo bello y lo sublime planteado por Kant me generó una particular angustia: no me considero una persona con una fuerte capacidad sensorial, eso no significa desechar tajantemente la posibilidad de experimentarla, aún así se me dificulta encontrarla. A veces me siento indiferente hacia ciertas cosas u objetos que otras personas aprecian como bello, y por el contrario, a veces llama mi atención aquello que los demás definen como sublime, más oscuro y que puede provocar cierta incertidumbre. Por ello no comparto completamente su idea de la universalidad porque lo que para unos evoca ciertos sentimientos algo que puede parecer agradable y bello, para otros puede no ser así y no considero que eso esté mal, más bien creo que nuestra disposición de percepción se conjuga con otros elementos que nos inclina a apreciar más unas cosas que otras.
Se me ocurre que por ejemplo alguien puede apreciar un atardecer como algo bello, mientras que para otra persona ese mismo atardecer puede evocar algo más intenso, algo mucho más grande que sobrepasa la admiración, y así puede ser con muchos ejemplos más. Considero que la capacidad de apreciar o gozar de lo bello o lo sublime no es de carácter universal sino subjetivo, se resguarda en la forma en que cada uno vive y significa sus experiencias, podríamos tener ambas y conseguir una experiencia estética completa, sí, así como también podríamos no tener ninguna de las dos o tenerlas en menor intensidad. De ser así, entonces ¿a partir de qué se construye lo bello y lo sublime y qué tanto influye en nuestra cotidianidad? ¿Hasta dónde alcanza nuestra sensibilidad humana para captarlo? ¿hasta dónde la materialidad de los objetos interfiere en nuestra percepción, o hasta dónde depende de la percepción en sí misma?